viernes, 11 de marzo de 2011

Ti amo

Salí de la cama a lo grande: me caí. Pataleé para liberarme del edredón, y desenredé la gastada camiseta que usaba para dormir de mi cintura. Me eché el pelo hacia atrás y suspiré.
-¡Mike! ¿Dónde están mis cigarrillos? Joder...
Seguí paseándome por el cuarto buscando la sagrada cajetilla que tanta falta me hacía. Fui al baño y me lavé la boca, que me sabía a tequila rancio y a nicotina, y miré mi cara en el espejo. Casi ni me reconocí. Mi cara estaba muy delgada, tenía unas grandes ojeras bajo los ojos, con rastros de maquillaje. El pelo, rubio y liso por tantos tratamientos de peluquería, estaba enmarañado. Salí y vi que la ventana estaba abierta, dejando paso al sol de primavera. Agarré los vaqueros viejos y me los puse, y así como iba, descalza, salí a la terraza.
-¡Mike, quiero mi cigarro! ¿Dónde estás?
Vi desde arriba  a la Italia que despertaba y comenzaba su ajetreo matutino, y me llegó el olor de los huevos, las tostadas y el café.
-Ya sé dónde estás, sinvergüenza-murmuré.
Volví por las escaleras y bajé hasta la primera planta, al restaurante. En la cocina, me encontré a Mike, despeinado, sólo con los bóxers y silbando una canción con su vieja radio de los setenta. Me acerqué por detrás y lo abracé. Le di un beso en el hombro, y se dio la vuelta.
Me cogió de la cintura y me besó apasionadamente, haciéndome cosquillas con la barba rasa. Me reí quedamente.
-¿Qué haces?-le pregunté, mirando lo que cocinaba.
-El desayuno para mi chica-me respondió con su voz profunda y poco seria-. Buongiorno, bella.
Me dio otro beso y me pellizcó los cachetes, cosa que odiaba. Salió disparado hacia las escaleras, al tiempo que gritaba:
-Io sono innamorato di te, la mia anima.
Me reí y cogí la taza de café entre las manos. qué bien olía recién preparado. Este Michelangelo, qué iba a hacer con él.


No hay comentarios:

Publicar un comentario

Opiniones para Shiena