martes, 1 de marzo de 2011

No hay futuro

Frío. Hacía frío, pero no tanto como el que me atenazaba por dentro. Agaché la cabeza intentando que el agua no mojase más mis ojos, pues me escocían de tanto llorar. Qué gran mundo de mentiras, de soledad, de dolor. Dentro de poco todo sería más caos y más muerte, y yo ya no tenía el consuelo de su presencia. Se había ido, no me quería. Todo había sido una mentira, una feliz y hermosa mentira para que yo no muriese en este mundo cruel y sin esperanza. Me convulsioné de nuevo, y no puede reprimir mis sollozos, pero qué mas daba. En el bosque nadie me oiría.
Me dejé caer hasta el suelo embarrado, y seguí llorando con las manos tapando mi cara. Qué bonito parecía todo, qué bien sabía mentirme, y yo creerle. Oí el aviso, el toque de queda. Debía volver, las bombas empezarían a destrozar la cuidad en minutos, y yo estaba demasiado lejos. No llegaría, no, no iba a llegar a tiempo al refugio...Espera, ¿para qué volver? Sonreí y corrí hasta la calle principal. Un avión pasó sobre mi cabeza, y oí un inconfundible ruido metálico. Me reí histérica. 
Adios...¡BUM!

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