viernes, 18 de marzo de 2011

En Piccola Italia

Hola a todos!!

Cuando vi esta foto, pensé que reflejaba perfectamente cómo estaban sentados Anthony y Vannesa en la cafetería!!
Lo único malo e sque en la historia estaba nevando, y aquí es de día y hace sol, pero bueno...para que os lo imaginéis un poco.
Sé que Vane aún no tiene cara, pero no os preocupéis, le encontraré. Por cierto, decir a quien no lo sepa que tiene el pelo negro y corto, justo como en esta foto.

Un beso!!

viernes, 11 de marzo de 2011

Ti amo

Salí de la cama a lo grande: me caí. Pataleé para liberarme del edredón, y desenredé la gastada camiseta que usaba para dormir de mi cintura. Me eché el pelo hacia atrás y suspiré.
-¡Mike! ¿Dónde están mis cigarrillos? Joder...
Seguí paseándome por el cuarto buscando la sagrada cajetilla que tanta falta me hacía. Fui al baño y me lavé la boca, que me sabía a tequila rancio y a nicotina, y miré mi cara en el espejo. Casi ni me reconocí. Mi cara estaba muy delgada, tenía unas grandes ojeras bajo los ojos, con rastros de maquillaje. El pelo, rubio y liso por tantos tratamientos de peluquería, estaba enmarañado. Salí y vi que la ventana estaba abierta, dejando paso al sol de primavera. Agarré los vaqueros viejos y me los puse, y así como iba, descalza, salí a la terraza.
-¡Mike, quiero mi cigarro! ¿Dónde estás?
Vi desde arriba  a la Italia que despertaba y comenzaba su ajetreo matutino, y me llegó el olor de los huevos, las tostadas y el café.
-Ya sé dónde estás, sinvergüenza-murmuré.
Volví por las escaleras y bajé hasta la primera planta, al restaurante. En la cocina, me encontré a Mike, despeinado, sólo con los bóxers y silbando una canción con su vieja radio de los setenta. Me acerqué por detrás y lo abracé. Le di un beso en el hombro, y se dio la vuelta.
Me cogió de la cintura y me besó apasionadamente, haciéndome cosquillas con la barba rasa. Me reí quedamente.
-¿Qué haces?-le pregunté, mirando lo que cocinaba.
-El desayuno para mi chica-me respondió con su voz profunda y poco seria-. Buongiorno, bella.
Me dio otro beso y me pellizcó los cachetes, cosa que odiaba. Salió disparado hacia las escaleras, al tiempo que gritaba:
-Io sono innamorato di te, la mia anima.
Me reí y cogí la taza de café entre las manos. qué bien olía recién preparado. Este Michelangelo, qué iba a hacer con él.


martes, 1 de marzo de 2011

No hay futuro

Frío. Hacía frío, pero no tanto como el que me atenazaba por dentro. Agaché la cabeza intentando que el agua no mojase más mis ojos, pues me escocían de tanto llorar. Qué gran mundo de mentiras, de soledad, de dolor. Dentro de poco todo sería más caos y más muerte, y yo ya no tenía el consuelo de su presencia. Se había ido, no me quería. Todo había sido una mentira, una feliz y hermosa mentira para que yo no muriese en este mundo cruel y sin esperanza. Me convulsioné de nuevo, y no puede reprimir mis sollozos, pero qué mas daba. En el bosque nadie me oiría.
Me dejé caer hasta el suelo embarrado, y seguí llorando con las manos tapando mi cara. Qué bonito parecía todo, qué bien sabía mentirme, y yo creerle. Oí el aviso, el toque de queda. Debía volver, las bombas empezarían a destrozar la cuidad en minutos, y yo estaba demasiado lejos. No llegaría, no, no iba a llegar a tiempo al refugio...Espera, ¿para qué volver? Sonreí y corrí hasta la calle principal. Un avión pasó sobre mi cabeza, y oí un inconfundible ruido metálico. Me reí histérica. 
Adios...¡BUM!