domingo, 27 de febrero de 2011

Entre las nubes

Me fui corriendo por las calles. No tenía ganas de vovler a casa, y menos aún después de lo que había pasado con mis padres.
Pero que asco de año, que asco de vida. Desde que había vuelto de mi viaje en Inglaterra todo iba mal: mis amigos estaban extraños, las perras de mi clase se rebelaban contra mí, como si yo, siempre simpática y dispuesta a ayudarlas, les hubiera hecho algo malo. Y...no diré su nombre, qué imbécil. Siempre estoy igual con los tíos, pero creí que este iba a ser diferente. Me equivoqué otra vez.
Simplemente quería que todos se esfumasen, que me dejasen en paz. ¿De qué me servía todo lo que estaba haciendo? Estudiaba al 200 por cien, era simpática y amable aún cuando yo misma no estuviese bien, me reía con otros, los miraba bien, intentaba ser un ejemplo...todo para nada. Simplemente, no servía. De llevar un historial brillante, ahora suspendía, todos me odiaban, las peleas con mis padres habían vuelto...el coche era de ellos, mi carnet sólo servía para que me recordasen que me lo había sacado, qué guay. Sí, super guay, nadie sabía todo el trabajo que yo llevaba detrás, nadie lo agradedcía. Todos pensaban que se me podía tratar como una niña, como a una estúpida, que siempre iba a seguir igual de insulsa y sumisa.
Pero cómo se equivocaban. El otro día pensé en tirame de la azotea, pero qué desperdicio, no podría disfrutar de ver sus reacciones después. No, eso no era solución. Mejor, les daría una lección. ¿Un examen de Literatura? Iba a estudiar su p... En fin, que les jodan.
Me senté en el columpio del parque. Era tan temprano que no había nadie. Mejor que mejor. Me puse los cascos a todo volumen, y casi me quedo sorda. Así no tendría que oírlos, joder. Comencé a moverme como cuando tenía diez años, era feliz, inteligente, delgada, y me la sudaba lo que dijesen de mí. No, a quién quiero engañar. Siempre me ha importado lo que dijeran. Así soy, la estúpida sometida a la opinión pública. Pues que les follen, me da igual. Todo loq ue había vivido en el verano, los halagos, los amigos, la felicidad...todo era una ilusión, y ahora lo sabía. No iba a ser nada de lo que me había propuesto, y es cierto que cuanto más alto estás, más duele la caída. Pero yo ya había caído.
Se me empañaron los ojos, y me los sequé con odio. No iba a llorar, no más veces. Ya había sido suficientemente débil. No más debilidades; no sucumbir a los dulces o a la comida, no más horas de sueño fuera por un examen, no más remordimientos por las notas que no alcanzaba...Que mierda, no me importaba nada. Ahora era nueva, otra yo.
Hasta que volviese a caerme del columpio y no pudiese ver las nubes por el barro de mis ojos.