lunes, 2 de agosto de 2010

180º

Prólogo

Kate se levantó de la cama cuando el sol la molestaba tanto que no podía dormir. Cerró las cortinas de su cuarto y se tumbó de nuevo, dispuesta a volver a los brazos de Morfeo. Pero no pudo. En el salón de su casa, la televisión hacía ruido, y sus padres y hermanos desayunaban en medio de risas. Suspiró. Ella no había dormido bien, estaba cansada, pero sabía que no conseguiría conciliar el sueño con semejante alboroto. Así que rodó hacia el lado izquierdo de su cama y se dejó caer por su propio peso.
Era verano, y ella estaba de vacaciones. Pero sus vacaciones nunca eran como esperaba, además de que iban en función de las de sus padres. Fue al baño y se lavó la cara. Después se puso las gafas y entró a la cocina. Cogió una taza del armario, echó leche en ella y dos cucharadas de café junto con otras tantas de azúcar. Agarró los cereales y se dirigió al salón arrastrando las chanclas.
Se sentó en su sitio habitual sin decir nada, sus padres seguían riendo con sus hermanos. Ella estaba cabreada. La noche anterior la habían regañado por una tontería, simplemente porque llegó a casa pasadas las dos y media, cuando llevaba una semana sin salir y sin ver a sus amigas. Ella se duchó y se fue a dormir para no despertar a sus padres, pero estos se habían enfadado porque ella no los había llamado al llegar para avisarlos. Irónico, las acciones caritativas se pagan con un castigo. Ella entendía su postura, pero no su reacción. Era exagerada. 
Suspiró, y comió cereales mientras miraba distraída la tele. No echaban nada interesante. Comió cereales unos minutos más y apuró el contenido de la taza, se levantó y se fue a la cocina. Dejó los cereales en su sitio y lavó la taza. Fue al baño, se lavó los dientes, se vistió con ropa cómoda y se cogió un moño sin siquiera mirarse al espejo. No estaba de humor para ver su enmarañada melena negra. Pasó otra vez por el salón. Sus padres ya habían terminado de desayunar, pero estaban sentados leyendo. Era domingo, y se lo tomaban con calma después de toda una semana trabajando a tope. Ella dio la vuelta, enfadada por su desinterés en su hija. "Siempre es igual, no sé por qué te sorprendes" dijo una vocecita en su cabeza. Ella se resignó. Era cierto, aunque sus padres la querían mucho y se preocupaban por ella hasta más no poder, a veces eran excesivamente estrictos, según ella. Las cosas cambian, sus tiempos no eran iguales que los de ella, pero eso sus padres no querían verlo. "Tal vez exagero", se dijo. Negó con la cabeza. A sus dieciséis años era peor que una monja de clausura, y todo por sus estrictas normas. Ella intentaba que lo comprendieran, que le dieran más libertad. Después de todo, era joven, sacaba buenas notas y ayudaba en casa. Se portaba bien, era todo lo que podía hacer. ¿Qué más querían que hiciera? Su revancha era ignorarla un rato después de la pelea hasta que se les pasara el enfado. Kate también intentaba ignorarlos, pero era muy temperamental para ello. Siempre acababa cediendo ella, o peleando de nuevo. Esta vez fue de las segundas.
Entró al salón un rato después, a ver si encontraba algo sustancial que hacer, y su padre le dijo sin mirarla:
-Podrías hacer algo para ayudar a tu madre y limpiar la casa. Ya que no haces nada...
Kate explotó. Estaba cabreada, y eso la encendió más.
-¿No hago nada? Eso según tú. Nunca estás aquí cuando hago cosas-sabía que esa frase le iba a doler, él se pasaba fuera muchas horas trabajando, pero no pudo evitarlo-. Y cuando las hago nunca las ves.
-Ya, claro-replicó su padre-. Ya veo lo que haces...igual que planchas o recoges la ropa, ¿no?
Kate miró el montón de colada para planchar a sus espaldas, pero contestó subiendo la voz:
-La última colada la planché yo, y eso no lo ves. Además, ¿tú cuando planchas, eh? Aún no te he visto...
Su madre interrumpió.
-No contestes así a tu padre, Kate. Que no te vuelva a oír decir eso. 
Kate se mordió la lengua, pero contestó. Estaba cansada de tonterías como esas.
-No quiero callarme. ¿Me habla él bien? Sólo me dice que no hago nada, y cuando hago algo nunca me lo reconoce. Pues si no hago nada, voy a hacer menos, a ver si así os dais cuenta de lo que os ayudo.
-Si te dice eso es porque lleva razón. ¿Cuántas veces tienes cosas en casa para hacer y estás sin hacer nada?

La historia continúa así. Sería tedioso contar la de veces que sus padres y ella se peleaban de esta forma por cosas nimias, y siempre acababan de la misma forma, peleando, enfadados y en algunos casos Kate, llorando. Así era su vida, y ella estaba cansada de no hacer las cosas bien, de no tener la aprobación de sus padres, de equivocarse y de arrepentirse de cómo les hablaba. Deseaba ser dueña de su vida, de sus circunstancias. Ganarse su sueldo y el derecho a su casa. Sabía que era duro, pero prefería eso a vivir en constante desacuerdo con las personas que quería. Deseaba marcharse, lejos, y empezar de cero.
Eso era lo que quería. Y el destino escucharía sus ruegos años más tarde, cuando, al cumplir la mayoría de edad, consiguiera que le dejaran ir a un concierto en su cuidad de su banda favorita. La rueda de la fortuna comenzaba a girar para ella, pero...¿cuáles serían las consecuencias?


Este es el prólogo de una historia que estoy creando en Fanfic.Es
Lo dejo aquí por si queréis leer!! 
Un beso a todos!!! =D

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