sábado, 7 de agosto de 2010

180º: Personajes

Hola a todos!!! n.n

Ya he subido el primer capítulo de este fic, y voy a colgar aquí las fotos de las dos chicas que aparecen en él, para que os hagáis una idea de cómo son.

Kate



Esta es Kate. La verdad es que son casi iguales, pero Kate tiene el pelo más oscuro, como negro, y los ojos castaños, no verdes. Por lo demás, son muy parecidas, aunque Kate tampoco es tan delgada, cosa que no le gusta nada, y esa obsesión le creará problemas.

Tiffannie



Tiffannie es exactamente igual, ojos verdes, pelo largo y negro, rostro cuadrado...es la mejor amiga de Kate, aunque veremos que hasta la amistad más fuerte se puede romper, y eso no será bueno para ninguna, en especial para nuestra dulce Kate.

Bueno, por ahora es todo, seguiré dando información a medida que avance la historia. 
Besos, gracias por leer!!!

lunes, 2 de agosto de 2010

180º

Prólogo

Kate se levantó de la cama cuando el sol la molestaba tanto que no podía dormir. Cerró las cortinas de su cuarto y se tumbó de nuevo, dispuesta a volver a los brazos de Morfeo. Pero no pudo. En el salón de su casa, la televisión hacía ruido, y sus padres y hermanos desayunaban en medio de risas. Suspiró. Ella no había dormido bien, estaba cansada, pero sabía que no conseguiría conciliar el sueño con semejante alboroto. Así que rodó hacia el lado izquierdo de su cama y se dejó caer por su propio peso.
Era verano, y ella estaba de vacaciones. Pero sus vacaciones nunca eran como esperaba, además de que iban en función de las de sus padres. Fue al baño y se lavó la cara. Después se puso las gafas y entró a la cocina. Cogió una taza del armario, echó leche en ella y dos cucharadas de café junto con otras tantas de azúcar. Agarró los cereales y se dirigió al salón arrastrando las chanclas.
Se sentó en su sitio habitual sin decir nada, sus padres seguían riendo con sus hermanos. Ella estaba cabreada. La noche anterior la habían regañado por una tontería, simplemente porque llegó a casa pasadas las dos y media, cuando llevaba una semana sin salir y sin ver a sus amigas. Ella se duchó y se fue a dormir para no despertar a sus padres, pero estos se habían enfadado porque ella no los había llamado al llegar para avisarlos. Irónico, las acciones caritativas se pagan con un castigo. Ella entendía su postura, pero no su reacción. Era exagerada. 
Suspiró, y comió cereales mientras miraba distraída la tele. No echaban nada interesante. Comió cereales unos minutos más y apuró el contenido de la taza, se levantó y se fue a la cocina. Dejó los cereales en su sitio y lavó la taza. Fue al baño, se lavó los dientes, se vistió con ropa cómoda y se cogió un moño sin siquiera mirarse al espejo. No estaba de humor para ver su enmarañada melena negra. Pasó otra vez por el salón. Sus padres ya habían terminado de desayunar, pero estaban sentados leyendo. Era domingo, y se lo tomaban con calma después de toda una semana trabajando a tope. Ella dio la vuelta, enfadada por su desinterés en su hija. "Siempre es igual, no sé por qué te sorprendes" dijo una vocecita en su cabeza. Ella se resignó. Era cierto, aunque sus padres la querían mucho y se preocupaban por ella hasta más no poder, a veces eran excesivamente estrictos, según ella. Las cosas cambian, sus tiempos no eran iguales que los de ella, pero eso sus padres no querían verlo. "Tal vez exagero", se dijo. Negó con la cabeza. A sus dieciséis años era peor que una monja de clausura, y todo por sus estrictas normas. Ella intentaba que lo comprendieran, que le dieran más libertad. Después de todo, era joven, sacaba buenas notas y ayudaba en casa. Se portaba bien, era todo lo que podía hacer. ¿Qué más querían que hiciera? Su revancha era ignorarla un rato después de la pelea hasta que se les pasara el enfado. Kate también intentaba ignorarlos, pero era muy temperamental para ello. Siempre acababa cediendo ella, o peleando de nuevo. Esta vez fue de las segundas.
Entró al salón un rato después, a ver si encontraba algo sustancial que hacer, y su padre le dijo sin mirarla:
-Podrías hacer algo para ayudar a tu madre y limpiar la casa. Ya que no haces nada...
Kate explotó. Estaba cabreada, y eso la encendió más.
-¿No hago nada? Eso según tú. Nunca estás aquí cuando hago cosas-sabía que esa frase le iba a doler, él se pasaba fuera muchas horas trabajando, pero no pudo evitarlo-. Y cuando las hago nunca las ves.
-Ya, claro-replicó su padre-. Ya veo lo que haces...igual que planchas o recoges la ropa, ¿no?
Kate miró el montón de colada para planchar a sus espaldas, pero contestó subiendo la voz:
-La última colada la planché yo, y eso no lo ves. Además, ¿tú cuando planchas, eh? Aún no te he visto...
Su madre interrumpió.
-No contestes así a tu padre, Kate. Que no te vuelva a oír decir eso. 
Kate se mordió la lengua, pero contestó. Estaba cansada de tonterías como esas.
-No quiero callarme. ¿Me habla él bien? Sólo me dice que no hago nada, y cuando hago algo nunca me lo reconoce. Pues si no hago nada, voy a hacer menos, a ver si así os dais cuenta de lo que os ayudo.
-Si te dice eso es porque lleva razón. ¿Cuántas veces tienes cosas en casa para hacer y estás sin hacer nada?

La historia continúa así. Sería tedioso contar la de veces que sus padres y ella se peleaban de esta forma por cosas nimias, y siempre acababan de la misma forma, peleando, enfadados y en algunos casos Kate, llorando. Así era su vida, y ella estaba cansada de no hacer las cosas bien, de no tener la aprobación de sus padres, de equivocarse y de arrepentirse de cómo les hablaba. Deseaba ser dueña de su vida, de sus circunstancias. Ganarse su sueldo y el derecho a su casa. Sabía que era duro, pero prefería eso a vivir en constante desacuerdo con las personas que quería. Deseaba marcharse, lejos, y empezar de cero.
Eso era lo que quería. Y el destino escucharía sus ruegos años más tarde, cuando, al cumplir la mayoría de edad, consiguiera que le dejaran ir a un concierto en su cuidad de su banda favorita. La rueda de la fortuna comenzaba a girar para ella, pero...¿cuáles serían las consecuencias?


Este es el prólogo de una historia que estoy creando en Fanfic.Es
Lo dejo aquí por si queréis leer!! 
Un beso a todos!!! =D

domingo, 1 de agosto de 2010

Esencia

Esencia

Una sucesión de fotos.  Un tira de imágenes congeladas que parecían estar esperando a saltar de los lienzos para atacar al intruso que osaba posar los ojos en ellos.
Retratos.  Retales de risa, como fantasmas de humo que descansaban en los colores de la pintura.  Imágenes de unas vidas colgadas de las paredes, silenciosas, como mariposas de hierro que no podían volar.
El Comprador buscaba entre las interminables hileras de cuadros a aquel que le recordase algo perdido, algo importante, aunque no sabía qué.  Veía las obras con aire impasible, sin embargo en su interior algo se agitaba al contemplar los hermosos dibujos.  Hasta el más triste de los cuadros reflejaba tal belleza que costaba contener las lágrimas al mirarlo.
Retales de suspiros que aún se oían, pedazos de alma, arrancados y colocados en la tela, aguardando su dueña.
Este comprador no buscaba el cuadro más hermoso, ni el más estrambótico.  No buscaba el que más captara la atención del público, ni el más oscuro, ni el más alegre.  Buscaba “el cuadro”.
Ese cuadro que, según decían, capta tu esencia, y cuando lo ves recuerdas algo, una parte de ti que tenías dormida.  Ese vacío que te falta en la vida. 
Llevaba mucho tiempo buscándolo, mirando en galerías y más galerías, en museos y en tiendas, en estudios y mansiones…pero no lo encontraba.
Esta artista era la última, y con ella esperaba encontrar el cuadro, pues sabía que era una de las mejores haciendo eso, captando esencias.
Sin embargo, nadie la había visto.  Jamás.
Suspiró con resignación al llegar al final del estudio.  Nada en todos sus pasillos se parecía a lo que él buscaba.  Se dio la vuelta y se dirigió a la persona que lo esperaba unos metros más atrás.
-Quiero verla-anunció con voz firme.
La persona negó, pero el comprador sabía que no podría impedirle que hablara con ella.

Bajó del coche oscuro y cerró la puerta.  Hacía un día horrible.  Negros nubarrones anunciaban el diluvio.  El Comprador se ajustó el abrigo y subió lentamente los escalones de la entrada principal del hospital.
La enfermera le indicó la habitación y él llegó enseguida.  La persona lo seguía de cerca, y le comunicó con un gesto que lo esperaría fuera de la habitación. 
-No tardes-, le dijo con voz áspera.
Él asintió y abrió la puerta.  El cielo, como si quisiera remarcar el instante en que la vio, dejó escapar un relámpago y, tras el trueno, empezó a llover.
Era una muchacha joven, muy joven, vestida con una camisa azul que le estaba grande, manchada de pintura, y el pelo castaño recogido hacia atrás con un pincel.  El pantalón de chándal y calcetines de rayas para que no se le enfriaran los pies.
Estaba sentada sobre el alféizar de la ventana, contemplando ensimismada la lluvia en el cristal, perdida en su mundo.
El Comprador le habló, pero no obtuvo respuesta a pesar de que insistió.
Desanimado, se dio la vuelta para marcharse.  Sin embargo, por algún extraño motivo, miró hacia un rincón de la habitación que antes no había visto.  En él se encontraba un caballete, con un lienzo recostado sobre su gastada madera.  El lienzo estaba de espaldas, por lo que el Comprador no vio qué había en él.  Se acercó lentamente, como atraído por un imán.  Al mismo tiempo percibió una presencia a su lado y se giró alerta.
Era la muchacha, que se había levantado y estaba a su lado, de pie, mirándolo con expresión indescifrable.
El Comprador la miró, y vio con sorpresa sus ojos castaños, casi verdes, tan profundos y vastos como si te asomaras a un gran mar en calma, clavados en él.  Sintió que se asustaba, pero mantuvo la calma aún mientras ella decía:
-Tengo algo para ti.  Te lo daré cuando sea la hora.
Comprobó que su mirada era seria, con un leve matiz de interés, y que su rostro era sereno.
El Comprador no entendió, pero asintió, y ella a su vez le indicó la puerta con un leve gesto, dando la visita por zanjada.

 Una sucesión de fotos.  Un tira de imágenes congeladas que parecían estar esperando a saltar de los lienzos para atacar al intruso que osaba posar los ojos en ellos.
Retratos.  Retales de risa, como fantasmas de humo que descansaban en los colores de la pintura.  Imágenes de unas vidas colgadas de las paredes, silenciosas, como mariposas de hierro que no podían volar.
El Comprador se dirigió por los pasillos del estudio hacia la sala central, donde le esperaban.  En ese momento lo llamaron y le avisaron de que el entierro sería a las doce de la mañana.  La pintora había muerto.
Se tomó un momento para respirar, y entonces entró en el estudio una persona que portaba un cuadro tapado por una tela.
-Es para ti-informó el extraño.-Es de ella.
El Comprador lo miró con horror, no muy seguro de querer verlo.  Tras unos largos segundos en los que le temblaron las manos, arrancó la tela de un tirón y, casi con avaricia, posó sus ojos en aquella obra de arte.
Miró largo tiempo el cuadro, en absoluto silencio, sin parpadear.  El mundo parecía haberse detenido un instante, en el que se olvidó de respirar.  Suspiró profundamente, y apartó la mirada hacia un lado. 
Después no pudo parar de llorar.  


*Bueno, aquí mi primera historia!!! Debo decir que la creé hace bastante, pero me gusta mucho a pesar de lo extraña que es!!! Animaos a dejar un comentario, o una crítica, que me haréis muyyyyy feliz!!! Gracias!!*

Llegada

Hola a todos!!!


Me acabo de crear este blog, porque siempre he querido publicar mis historias y que la gente opinase, ya que considero que es la mejor manera de aprender a escribir de verdad!!!
No sé muy bien cómo enfocarlo, supongo que se mejora con el tiempo, como en todo, pero espero que le deis una oportunidad(sí, es la frase típica, xD) y que si queréis comentar algo, lo que sea, lo agradeceré!!
Bueno, mi idea es ir subiendo historias poco a poco, y que me digáis qué os parecen y si queréis que escriba sobre algo en especial...lo que sea!!!

También tengo cuanta en Fanfics.Es que empezaré a usar en breve, con el mismo nick, Shiena, así que podéis leer ahí también!!

Bueno, sin más, un beso a todos, y gracias por leer!!!